sábado, 24 de febrero de 2007

Kindergarten "El Niñito Hussein"


Como tengo una hija pequeña que está por ingresar al circuito educativo formal peruano --
Dios mío, pobrecita mi hija--, empecé desde hace algunas semanas la búsqueda de un nido, kindergarten, centro educativo infantil, o como michi quieran llamarlo.

La verdad es que hay en Lima, en cuanto a esas instituciones se refiere, a la vez demasiadas y muy pocas opciones.

Demasiadas, porque hay una proliferación cancerosa de nidos y guarderías: pareciera que cualquier calzón-sucio se siente en capacidad de implementar un
kinder en el patio de su casa, comprando algunos juguetes, pintando papelotes con personajes de Disney, colgando en la pared un Barney de cartulina despintado por el sol, e instalando en el jardín un diminuto carrusel de doscientos soles comprado en la Avenida Grau.

Y por otro lado, también hay muy poco de donde elegir, porque esos lugares se diferencian unos de otros como un perro sarnoso de otro. No hay como distinguirlos:
Los Duendecitos, Las Ardillitas, Los Cachorritos, etc. Sólo falta Los Huevoncitos. Todos querían comprar a mi niña con chupetines, chocolates, juguetitos de a sol tipo Piñata, etc.

Hoy en día --salvo honrosas, caras y elitistas excepciones--todos los nidos son iguales, y com o el
cagón estado peruano nos obliga a todos los padres a inscribir a nuestras criaturas en esos antros --¡Y POR AÑOS!-- no hay remedio que ingresarlas a la baticueva más cercana, y tratar de contrarrestar y corregir las burradas de las misses en casa. ¡Una chamba más para los padres! ¡Y encima hay que pagarles a esas ignorantes!

Como lo oyen (si ya no lo saben): antes de ingresar al primer grado de primaria (o como michi se llame hoy), todo colegio exige que nuestra criatura haya sido expuesta a las barbaridades de los nidos por lo menos tres años. Si no tienen plata para pagarles a sus hijos un nido que realmente valga la pena (como es mi caso, carajo), váyanse preparando.

Les cuento un caso: en el nido "
Los Ositos" (en Pueblo Libre), me recibieron luego de abrir siete llaves, una menopáusica con cara de bagre. No me quiso abrir, y por poco me llaman a Serenazgo. Créanme: pese a la foto --que, por supuesto, no es mía realmente-- no luzco como asaltante; de hecho, en todos los demás nidos me recibieron con fanfarria. Pero esta pendeja quería que le enseñara mi pedigree para siquiera ver su adefesio.

Gente así se atreve a administrar nidos, es decir, a formar mentes. ¡No es justo que el estado haya dejado de supervisar la calidad de estos centros!

1 comentario:

Mr.Kike dijo...

Te doy tooooda la razon.. que sera del futuro no?, que mal.

De Yapa: No creas que soy inculto porque no coloco tildes solo que aqui... nose pueden poner tildes!!!!!.

 
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